📬​Posdata: la clave está en la NO obligación.

Ando un poco desmotivada. Iba a pedir disculpas por ello pero es que sería pedir disculpas por ser simplemente sincera. Prefiero deciros la verdad a estar forzándome a escribir por obligación cuatro párrafos insulsos en los que no pusiese nada de mí, y creo que ese no es mi estilo. Siempre he pensado que cuando alguien hace las cosas sin ponerle alma el resultado es un fiasco así que estoy tratando de extrapolar esta creencia a todo lo creativo que hago: las cartas van en el pack.

De todos modos esto es aquí, porque en este tiempo sí he sido más productiva en mis cuadernos, en todo eso más «analógico» que me acompaña en el día a día. Es más fácil los meses de verano, cuando las horas parecen ser eternas y los días largos, se supone que llenos de posibilidades pero a la vez mucho más caóticos. Y realmente siento mucho eso, que los días se me hacen eternos, los niños se terminan acostando tarde prácticamente todas las noches, las terapias semanales del autismo no cesan pero se cambian de hora y mis mañanas son de correr de un sitio para otro, hacer la comida y las cosas de casa con niños a mi alrededor, no poder trabajar y cerrar agenda… ¿quién en su sano juicio cierra agenda si no es millonaria (ni siquiera se le aproxima)? Pues yo, una persona que solo está sobreviviendo como puede. Para seguir sintiéndome conectada conmigo misma lo que hago es ir con dos cuadernos allá donde voy. Uno es para mis sketchbooks aunque también guarda bastantes reflexiones (también resulta útil para dejárselo a los peques cuando vamos de viaje en tren o algo por el estilo), el otro simplemente es el lugar en el que escribo y lo suelto todo.

Menos mal que llevo siempre colgado del brazo una bolsa de tela en la que casi cabe el mundo entero.


Sí, estoy en la treintena y he llenado una libreta de pegatinas de un grupo coreano en la portada, pero qué tiene de malo. Estoy explorando y viviendo al máximo mi girly era.

De hecho soy muy firme en esto último que os acabo de escribir, lo de la girly era, he dejado constancia en la biografía de mis redes lo mismo, creo que es lo que más define mi modo de estar en la vida últimamente. Digamos que sólo quiero sentirme en paz conmigo misma, vivir la vida con la vorágine que implica y todas sus responsabilidades pero no olvidarme de mí y de las cosas que me hacen feliz. Esas cosas son tan simples como leer un ratito un libro que me gusta, tener media hora para escribir, salir al balcón de mi casa cuando aún es muy temprano y no se escucha prácticamente nada aún pero sí te acaricia la cara una brisa muy agradable (en especial porque llevo fatal el calor y esa hora es la única en la que puedo disfrutar de cierto fresquito con el que reconfortarme), en fin, sólo quiero cuidarme… escucharme. Supongo que todo se resume en eso: escucharme. Ok, puede que también esté volviendo a ver Gilmore girls. La primera vez que la vi me sentía muy identificada con Rory pero es maravilloso volver a conectar con cosas que has visto en el pasado y pillarlas ya siendo más adulta, ahora veo a Lorelai y sorpresa, sólo puedo pensar: «¡cuánto te comprendo!». Aunque esto también me está pasando con Sexo en Nueva York

Me resulta hasta gracioso pensar en esto, en el paso del tiempo. Yo ayer tenía 18 años y me creía tan madura y experta en tantas cosas… era de esas que decía: «no soporto a la gente inmadura». Yo también lo era. Tenemos muchas ganas de crecer muy rápido y de explorarlo todo corriendo. Si tienes esa edad y por casualidad me estás leyendo no lo hagas, vete con calma y disfruta del proceso, creo que ese es el primer paso para empezar a madurar. ¡Pero estoy aquí ahora! El 15 de diciembre cumplo 32 años. Soy joven, no me hagas pensar lo contrario, lo soy. Soy madre (aunque supongo que es verdad que fui madre joven, o al menos más joven de lo que actualmente lo suele ser la gente), tengo obligaciones importantes, facturas que pagar, relaciones personales que mantener con trabajo y cariño (léase trabajar siempre a favor del entendimiento, el respeto mutuo, el amor desinteresado en una relación…), tengo problemas familiares con personas que quiero y que están girando alrededor de enfermedades terribles, tengo también una salud mental que mantener y cuidar… En fin. No me juzguéis si soy de esa clase de millenial (soy millenial, ¿no? es que no termino de entender bien estas etiquetas) que está sobrellevando la vida a base de dramas coreanos, relaciones fantásticas inventadas con cantantes -coreanos también-, colecciones de Sonny Angels y Labubus, carpetas en Pinterest de looks kawaii que creo que nunca voy a llevar, decoración bohemia y un sin fin de «tonterías» que me hacen feliz. Ahí, en esas tonterías es donde quiero estar.

Es verdad que no entiendo lo de abrazar mi feminidad únicamente comprándome flores, ni barras de labios, ni accesorios cute color rosa (que puede que de vez en cuando lo haga, que conste), pero sí lo entiendo siendo segura de mi misma -o trabajando en ello- porque no es nada sencillo cuando llevas prácticamente desde que tienes uso de memoria siendo todo lo contrario. No quiero tampoco tener limitaciones ni estereotipos impuestos por otras personas que al final he terminando haciendo míos de manera inconsciente. Digamos que quiero que mi tiempo libre sea eso: mío para ser como necesito ser, como quiero. ¡Siempre he tenido tanto miedo a expresarme! Estoy aprendiendo paso a paso a defender quien soy, no es del todo sencillo y ahora mismo pienso que a casi todos los humanos nos cuesta la vida entera alcanzar este éxito.

Estoy convencida de que la desmotivación general y el colapso mental también viene porque en verano me obligo de alguna manera a estar muy activa y a intentar ocupar el tiempo con muchas cosas y ese no es mi hábitat natural. ¡Déjame explicártelo! Necesito ir lentamente, no se da eso con facilidad cuando eres madre, es normal, de hecho os acabo de decir que mis rutinas son intensas, pero el verano de alguna manera te obliga a hacer esto, esto otro, a ir a este sitio y… ¡ay, no sé!


¿No crees que Santiago es una ciudad preciosa cuando el cielo está gris?

¡Ah! -grito frustrado de persona que está agotada-. No puedo escribir mucho más. Es esa la desmotivación de la que os hablaba, pero el respeto en darme lo que necesito puede más y tengo que dejar que gane. Lo que necesito ahora más que estar tecleando en el ordenador es darme una ducha tranquila, con música de fondo. ¿Cuál prondré? Creo que hoy estoy muy en modo repetir en bucle «I’m gonna love you», de D.O, no se me ocurre una voz más relajante para mí mientras me quito potingue de los ojos, esta mañana quise pintarme una línea en el párpado superior con un eyeliner que compré en Miniso pero tristemente he descubierto que cuando lo mojas deja una estela de color rosado de la que es difícil desprenderse.

Sé que no es gran cosa. Quizá debería aprovechar para hacer deporte, o incluso salir a caminar, o yo qué sé… (caminar con música en los cascos mientras voy sin rumbo fijo y sin tener que hablar con nadie durante un buen rato es muy agradable) pero hoy no me apetece nada. Normalicemos el nada. No siempre se puede dar eso de no hacer nada así que creo que debería aprovecharlo ahora que tengo un ratito para mí. Aunque antes os dejo como suelo hacer cuando me digno a escribir newsletter con algunos vídeos que he estado viendo estos días antes de dormir que me parecen tan inspiradores y agradables que mi feed de youtube (o como quiera que se llame) está lleno de personas de Japón y de Corea:

Activad subtítulos al verlos, no es que la IA de youtube genere unos subtítulos increíbles pero menos es nada y este tipo de contenido me parece tan relajante… os los dejo por si os gustan cosas parecidas y os apetece echar un vistazo. Mientras los veo anhelo comprarme una casa en medio de la vegetación de Asia, pero… sé que no se va a dar. Sea como sea termino trasformando ese deseo en intentar cocinar en mi casa recetas parecidas, o en plantar mini huertos en macetas en el balcón -que tristemente no funcionan-, en cambiar cortinas por estores de pseudomadera que encuentro en el bazar inmenso de tres pisos que hay en Santiago en el que siempre, pero absolutamente siempre, encuentras de todo… es mi particular slow life del Hacendado que no logro ni de lejos, ya te digo yo que no, porque sigo con los tembleques de párpado gracias a los niveles altos de cortisol. ¡Pero lo intento! De verdad que lo intento. Y aunque suene tonto ya sólo por haber sido capaz de escribir esta newsletter estoy ayudando a vaciar peso, al menos el peso de hoy.

Espero que sean días fáciles para ti, y si no es así que sepas que no estás sol@.


No puedo prometer una newsletter el próximo mes porque no sé si podré o tendré ganas de ponerme a escribir aquí, pero puedo prometerme que volveré siempre que mis ánimos sean los óptimos para soltarte un pedacito de mi mundo y mi vida.

Gracias por leer.

Deja un comentario

Descubre más desde Cartas virtuales, por Reih Matsu

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar