¿Se supone que atreverse a escribir la newsletter del mes de abril tras casi finalizar la primera quincena de mayo es un poco «echarle jeta»? Es un poco decepcionante para mí misma, lo confieso, siempre intento ser rigurosa, en especial con las cosas que yo misma me marco y propongo hacer, y cuando empecé con este proyecto de escribir una newsletter mensual lo hice con la firme convicción de que iba a ser algo que me iba a venir muy bien a mí misma. Ya sabéis, es algo así como un diario… bueno, o un pequeño rincón donde expresar todo eso que siento la necesidad de soltar. Hace no mucho mi psicólogo me dijo que comprase una libreta y pusiese ahí todas esas cosas que me angustian y que me provocan mucha ansiedad. ¡No le hice nada de caso! Soy un desastre, lo sé, pero es que llevo toda mi vida escribiendo diarios… algunos de ellos no soy ni capaz de volver a abrir, sé que tengo que volver a hacerlo porque pienso que de alguna manera todo eso está ahí: mi vida, mis sentimientos, mis miedos… Pero ahora mismo que casi no tengo tiempo ni para parar un segundo y respirar hondo… ¡yo qué sé! Voy a escribir todas esas cosas por aquí, si sirve de algo o no pues ahí queda, sé que aunque me cueste sentarme frente al ordenador ni de lejos esto es una pérdida de tiempo.
Volvamos a abril. El mes que guarda muchos de los acontecimientos más especiales de mi vida (seguramente olvido cosas, últimamente el estrés no favorece a que mi memoria esté en su punto más álgido), pero iré reconstruyendo en la medida de lo posible lo más destacable:

Estuve tratando de «vivir» más la ciudad. Es un poco extraño de explicar… pero es que últimamente siento que hay demasiadas cosas en mi vida, mucho ruido, tanto que me olvido de disfrutar y de apreciar todos los detalles. Creo que en general los seres humanos hacemos mucho eso, la vorágine puede siempre con nosotros y cuando te das cuenta el tiempo ha pasado tan rápido que lo único que te queda es preguntarte: «¿y qué he hecho hasta ahora?». Mi respuesta es clara: sobrevivir. Creo que estoy sobreviviendo desde pequeña. Vale, todos lo hacemos, no es como si la sociedad o el tiempo en el que vivimos (tan inmediato y cruel a veces) nos lo pusiese fácil, pero me agoto mentalmente con facilidad cuando me doy cuenta de que me gustaría que todo fuese con más calma. Entre tanta reflexión tuve que obligarme a salir de casa, evidentemente no es como si tuviese algo tan serio como agorafobia o algo así, pero salir de mis paredes es complicado algunos días, así que simplemente respiro hondo y me digo que romper barreras también es esto: sentir el viento en la cara, pasear sin más, poner música en las orejas y no necesitar nada.
Santiago es una ciudad bonita. Hubo un tiempo en el que me costó darme cuenta, creo que todo el mundo es consciente de que es un lugar especial, de esos que mueven muchas cosas, pero echar raíces nunca ha sido sencillo para mí. O más bien lo que no ha sido sencillo es lo de arrancar las raíces que tenía bien sujetas al pavimento de otra ciudad. Me ha costado y me cuesta perderme entre las calles, sentir que formo parte de algo, de un sitio… pero poco a poco, no lo digo con nostalgia, yo sé que siempre llega el día en el que te encuentras, creas cierto vínculo y cariño con tu entorno, afianzas tus decisiones y los pasos que has dado.



Podríamos decir que es la ciudad de las flores y eso es un gran punto a su favor porque amo todas y cada una de ellas.
En abril sucede algo muy importante, lo que os comentaba al inicio de la newsletter, de hecho creo que por eso es uno de los meses más especiales para mí: y es que es el cumpleaños de mi hijo mayor. Lo de tener que especificar «hijo mayor» hace que se sienta mucho más… ¿real? ¡No es como si no lo fuese ya! Pero es que a veces me paro a pensar precisamente en eso, en que… wow, tengo dos peques, dos personitas tan especiales y bonitas que nacieron de mí que lo vivo un poco como si fuese algo irreal.
El caso es que el 7 de abril fue su cumpleaños y yo soy de las que tiene que celebrar todos y cada uno de los cumpleaños. Conozco a muchísima gente adulta que me dice que son fechas más, que no tienen verdadera importancia y que jamás le han prestado mucha atención o han hecho nada especial por sus días. ¡No puede ser! Hago un llamamiento desde aquí a lo importante que es que celebres tu cumpleaños, ni siquiera necesitas que te sorprendan, que dependa de otros que un día pueda ser especial o no es una idea equivocada. ¡Celébrate! Cumples un año más, un año más de vida, de sabiduría, de oportunidades, de aprender de los errores y tratar de mejorar, de hacer también un millón de planes fantásticos que probablemente no se lleven a cabo pero lo importante es que están ahí en tu cabeza y que le han dado luz y esperanza en momentos en los que tal vez faltaba. No quiero romantizar tampoco que la vida es sencilla porque sé que cada persona tiene sus propios problemas y a veces todo parece muy cuesta arriba, pero aférrate a ti, tus objetivos, tus sueños…
Para los cumples de mis peques siempre hago un bizcocho, me encantaría hacer la famosa «tarta de la abuela» pero soy perezosa a la hora de cocinar. Me gusta meterme en los fogones pero después soy consciente del tiempo que empleo en ello y lo mucho que tengo que fregar después que se me quitan las ganas. Así que siempre termino optando por un bizcocho de yogur con chocolate, muchas velitas, toppers de los personajes que más les gustan a cada uno y bastantes globos de aquí por allá. Realmente no importa mucho si parece un poco «cutre», la intención es tan buena y la respuesta tan satisfactoria, que estos días me apasionan.
Últimamente me doy cuenta de que me gusta celebrarlo todo porque precisamente cada uno de esos días nos brinda la oportunidad de tener una excusa para organizar algo divertido con los más peques y lo más especial: para llenar sus cabecitas de vivencias y recuerdos de esos que suman y aportan mucho.
No creo que hace 8 años naciese mi pequeño… de alguna manera yo también nací. Desde luego no soy la misma que era entonces, tenía una idea muy lejana de la maternidad -de la vida en general-, pero ser madre me enseñó muchísimo, me lo enseña cada día. Con esto yo no digo que tener hijos te otorgue más saber estar, más conocimiento, te convierta en mejor persona… en absoluto, ojalá todos los padres y madres fuésemos seres de luz, puros, maravillosos y que jamás nos equivocásemos en nada. También aprecio mucho y respeto a toda persona que es consecuente con lo que quiere en la vida y decide no tener hijos porque simplemente no forman parte de sus planes. Está bien, yo sólo hablo de mi experiencia: descubrí el amor más grande y también el trabajo más importante del mundo.

Y me descubrí.
Siempre he pensado que soy muy mediocre con todo: inseguridades, miedos, pensamientos muy exigentes hacia mi misma… siempre tenía en mi cabeza (y de vez en cuando sigo teniéndolo) que el camino hasta llegar a ser como yo quería ser era demasiado lejano y que probablemente nunca llegaría a alcanzarlo. Han tenido que pasar 8 años para que yo empiece a decirme: «no lo estás haciendo tan mal, no es fácil, es menos sencilla aún tu situación, pero eres muy fuerte».
Perdón si suena un poco egocéntrico, no suelo darme mucho mérito a mi misma, os lo digo de verdad, pero creo que después de mover montañas si era necesario y de tener que pelear muchísimo porque además este pequeño está diagnosticado con un trastorno del neurodesarrollo… miro hacia atrás, veo todo con cierta perspectiva y… oye, no era tan débil como pensaba. No lo soy.
Aprovecho además para mostraros ahora una plaquita que encontré en casa tirada en el cuarto de la lavadora. No sé de dónde salió, la encontramos allí en el suelo y supongo que formará parte del colgante de algún llavero o cualquier cosa por el estilo, pero cuando leí lo que ponía la sentí como una especie de mensaje casi espiritual:

Bueno, yo soy muy «energética», pienso que hay mucho que no vemos y que se escapa a la razón. No pretendo tampoco conocer todos los secretos del Universo, perdería su parte mágica, pero estoy segura de que hay miles de energías a nuestro alrededor y que a veces no todo es casualidad. Quizá me da paz pensar eso.
Ya sabéis que suelo intentar rodearme de cosas que me inspiren, me ayuda mucho comer tranquila temprano, justo antes de ir a buscar a los niños al colegio. Aprovecho para ver vídeos en ese momento que me transmiten todo eso que me gusta y que además me llenan de ideas para transportar a mi casa. Os dejo por aquí unos vídeos bastante largos (alrededor de 30 minutos cada uno) que vi durante el mes de abril que me gustaron muchísimo. Recordad que podéis activar los subtítulos en español (la IA es muy buena para algunas cosas).
A nivel literario tengo que confesar que no estuve muy activa. ¡O bueno, en realidad sí! Pero no terminé el libro de Dyer del que os hablé los pasados meses. Soy un desastre, lo sé, llevo arrastrándolo un montón de tiempo, y eso que siempre que lo abro y me pongo lo lleno de post its, anotaciones y otras marquitas de cosas que llaman mi atención y que intento aplicarme en la vida. Soy de las que vive mucho sus libros, sobre todo porque creo que eso ayuda a que pueda aprender y evolucionar (tengo grandes deseos de esto pero sigo en el proceso constante), pero admito que a la vez estuve durante el mes de abril muy metida en otro libro más sobre la «Curación Ayurveda». Realmente creo que ese tema no es lo mío, conocía cosas pero muy por encima y aunque me interesa mucho la alimentación y los diferentes factores que pueden desequilibrar tu salud, es cierto que tal vez mi libro es tan técnico que resulta difícil llevarlo a la práctica. Sea como sea para depurar de cosas tan densas me puse a releer Mía en la oscuridad, de Kelly Dreams. Por una parte tengo que decir que obviamente yo este libro lo he leído ocho millones de veces y que nunca me defrauda, y que por otra conozco personalmente a Kelly y sé lo rigurosa que es en el trabajo y lo muchísimo que se merece todos y cada uno de sus éxitos. También… ¿qué queréis que os diga? Me gusta demasiado un vampiro y hay temporadas en las que necesito leer mucha literatura romántica -siempre bienvenida en mi vida-. No me avergonzaré jamás de admitirlo. ¡La mente es libre y necesita fantasear!
¡Espero -y creo que sí- actualizar las lecturas en la próxima newsletter y adentrarme más en el tema! Prometo desarrollarlo como merece.
El lector vive mil vidas antes de morir, el que no lee, solo vive una.
- George R. R. Martin
(Por cierto, leí todos los libros publicados de la saga Canción de Hielo y Fuego de George cuando tenía alrededor de 19 o 20 años… he perdido la pista de si algún día la terminará o si finalmente la serie de Juego de Tronos le dio tanto dinero que se ha vendido por completo -serie que también vi y que me hizo amar enormemente a Emilia Clarke y tratar de copiar su estilo sin éxito alguno-). Dato random que os dejo.

Artísticamente me encantaría extenderme mucho en la newsletter pero he pensado que si me pongo aquí a divagar de mis últimos trabajos queda mi página «profesional» con el culo un poco al aire porque llevo bastante sin actualizarla, por lo que he pensado que todo lo que tenga que ver con eso, a excepción de pequeñas curiosidades o cosas que quiera especificar y contar por aquí, dejaré todo eso única y exclusivamente en mi página, supongo que lo comprendéis perfectamente, si no esto sería muy repetitivo y aburrido:
Sea como sea y para dar un adelanto de algo que hicimos en familia y porque nos apetecía os muestro ese cuadro que veis ahí. Lo hicimos una tarde de lluvia precisamente del mes de abril. Tengo que deciros que en Santiago llovió demasiado en abril y además especialmente durante los fines de semana. Siempre he sido de las que disfrutan reciclando tablas, muebles viejos, etc… nunca sabes que tienes que puedes convertir en algo grande, a lo que le puedes dar una segunda vida. Sé que la mayor parte de la gente opinará que tener en el baño un cuadro hecho por niños no es de las decoraciones más bonitas, pero yo disfruto un montón de la espontaneidad y de las cosas que a priori no encajan para nada, os recomiendo que soltéis y os dejéis llevar, muchas veces los resultados son sorprendentes y terminan quedando genial. Además aunque es cierto que en el proceso se ensucia todo demasiado, los niños disfrutan muchísimo de hacer este tipo de actividades. Y entre nosotros… sé que os encantaría tenerlo en vuestros baños, ¡confesad!
Y ahora sí, os dejo hasta que en unas semanas -trataré de ser puntual en esta ocasión- suba la newsletter de mayo. Siento no haber estado al día y evidentemente no haber quizá escrito una carta tan extensa como en meses anteriores. He tenido que rememorar y rebuscar entre las cosas que hice y con el poco tiempo que tuve y la locura que fue todo no he podido sacar mucho más.
Gracias por estar ahí, por leerme, por apreciar lo que hago, valorar mi trabajo, quien soy… ¡yo qué sé! Como siempre os digo yo esto lo hago con todo mi cariño y siempre desde el corazón, espero que os llegue así y lo disfrutéis. Millones de besos y abrazos. ¡Nos vemos!
Andrea. Reih Matsu.
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