Vaya. Creo que el título de la carta de este mes resume muy bien a lo que aspiro últimamente.. Doy por hecho que comprendéis a lo que me refiero con lo de la «vida Ghibli». Realmente de lo que hablo es de esa sensación de que no importa mucho lo que estés haciendo, si te rodeas del aura Ghibli hasta la limpieza diaria de casa, el trabajo, las mañanas pesadas en las que te levantas con muchas legañas en los ojos y te cuesta salir de la ducha, e incluso el desayuno forzoso con la taza de café obligada que te tomas para terminar de despertar, son bonitas y se sienten como dentro de una película que ha cuidado cada mínimo detalle. Es cierto que después todo se tuerce un poco, en especial cuando tienes que levantar a tus hijos y dependiendo de lo diferente que hayas hecho el desayuno, el ritual de «levanto, aseo, visto, hablo bajito para comenzar todos con buen pie» puede ser conflictivo. Todo puede volverse caótico en un abrir y cerrar de ojos, y finalmente tienes que acabar resolviendo, siempre resuelves. A veces mal y otras mejor pero esa es una certeza importante en la vida: hay que caminar hacia delante y los imprevistos que van surgiendo en el camino (a veces más sencillos y otras veces más complicados) te obligan a tomar decisiones todo el tiempo y hacer cosas, muchas.
Marzo ha sido un poco… raro. No sé si lo sentís del mismo modo que yo, pero estos días he estado pensando en que realmente sólo han pasado tres meses desde que iniciamos el año y de alguna manera ya se siente como si llevásemos una odisea recorrida. Luego me paro a reflexionar y es verdad que el tiempo pasa muy rápido, de verdad que creo que voy a parpadear y ya estaremos en verano, el problema es que estas semanas me han pasado muchas cosas creo que muy importantes e intensas que me han hecho seguir dándome cuenta de que nuestro paso por el mundo va en serio. Cuando llegas a ese punto, al de «la vida va en serio», y no tiene nada que ver únicamente con preocuparte por «a ver qué comida cocino hoy», «¿qué película se estrena esta semana en el cine?», o millones de frivolidades más, te entra un poco de vértigo. Así que… ¿por dónde empiezo? Este mes tengo mucho que venir a contar.
A nivel trabajo tengo que admitir que no ha sido el mejor mes. Puede que sea porque no estoy en mi mejor momento anímico, la verdad es que me cuesta que haya un equilibrio con todo. No es que tampoco haya estado excesivamente inspirada, pero al menos creo que las cosas que he hecho las he logrado hacer con calidad, eso sí, así que supongo que ahí me pongo un minipunto, pero en lo demás… ahora lo pienso y siento que podía hacer muchas más cosas, y también llegar a todo, como siempre. Sé que eso último es un imposible. Sea como sea es tan complicada la vida en estos tiempos… tengo la impresión de que cada generación dice esa misma frase. Pero realmente lo es. Los gastos, el piso, la comida, la constante sensación de que nunca terminas algo… en fin, creo que podéis sentiros identificados con esto, sólo soy una humana más viviendo su vida adulta. Creo también que todas estas frustraciones hacen que empiece a ser insegura y me plantee mil cosas que no sé si hago bien o si pueden cambiar. A veces quiero de pronto tirar la toalla, plantarme y… no sé, ponerme a colocar botones en camisas de manera repetitiva. No sé si me explico, algo que no me haga pensar en mucho más. No quiero tampoco sentir que desempeñar una labor creativa se convierte en una especie de pequeña tortura cuando siempre ha sido algo que me ha generado mucha felicidad. ¿En qué momento la pasión se convierte en rutina agotadora? Sé que pasa con millones de cosas, pero creo que si pones mucho de ti a lo que haces y en algún momento no alcanzas el objetivo que esperabas, el trabajo de aceptación y el manejo de la frustración son temas complicados de llevar. Ahí me encuentro estos días, en especial haciendo balance a final de mes. Tengo que verle la parte buena y no quedarme sólo con lo negativo: he tenido pedidos que cosas diferentes, invitaciones de boda, topers… ha estado bien y me ha hecho conocer a gente diferente y divertida, creo que han sido clientes de esos que resultan ser personas que no esperabas encontrar, pero no he podido realizar mucho más puesto que la vida como madre y las dificultades para conciliar siempre están ahí y me llevan a darme poco espacio. Esta es una sensación agridulce, a veces pienso en que las mujeres sí damos mucho de nosotras mismas todo el tiempo, no es una crítica a mi marido, que conste, si es que él es un santo, pero hablo de algo más profundo, una visión más general… tampoco vengo aquí a querer batallar contra el género masculino, pero… supongo que si yo no me diese cuenta de las cosas que hay que comprar de comida, de cuando el papel higiénico se está acabando, de los calcetines que ya le quedan pequeños a los niños, de las coladas pendientes y de planchar la ropa que ya está limpia, de los días que cambio las sábanas, cuando limpio el polvo de la casa y ordeno todo lo que estaba tirado… creo que nadie se daría cuenta. Y son esas grandes tareas tan importantes y que me quitan tantas horas, las que me mantienen anclada a esa vida rutinaria y aburrida que supone ser adulta y tener responsabilidades. Lo que nadie ve… No es sencillo ser mujer, claro que no. Creo que en especial las generaciones pasadas sufrimos más eso (dicho así suena que soy muy mayor, y no) pero es cierto… nos han educado más en que las cosas han sido así siempre y van a seguir haciéndose así. Por eso me empeño tanto en que no haya diferencias entre mi hijo y mi hija. Me niego además.

Otra de las cosas que he hecho en Marzo ha sido procrastinar, aunque creo que esto lo hago siempre todo el rato. He estado muy profunda y quizá también bastante herida, pensando que repito muchos patrones familiares que podría mejorar. ¿Cómo lo explico? Es algo así como que recuerdo mucho a mi madre cuando yo era pequeña, y ahora que soy una mujer adulta pienso en si ella era feliz, y en cuantísimo se sacrificó y lo poco que creo que se relajó y disfrutó. Después pienso en que ella hizo esos constantes sacrificios para que tanto mis hermanos como yo tuviésemos lo que ella no pudo tener jamás, y… no puedo evitar sentir si yo estoy haciendo lo mismo y en si a ella todo le mereció la pena. Es un poco intenso de más, incluso para mí, pero mi madre está atravesando un momento muy delicado ahora mismo, aunque en cierto modo todos los que estamos alrededor lo estamos atravesando, y es que está ahí sobrevolando la sospecha del Alzheimer o alguna otra demencia. Por lo pronto se activó el protocolo del Alzheimer, se están haciendo las pruebas iniciales, aún quedan otras más, luego el neurólogo y… realmente estas esperas tan largas mientras tú de alguna manera ya te vas mentalizando son un poco crueles y a la vez ayudan a crear una capa de protección alrededor, es un poco un: mientras no tiene nombre no existe. En fin… al menos ahora mismo puedo escribirlo y hablar sobre ello, los primeros días ni siquiera era capaz de saber exactamente lo que estaba sintiendo en mi interior. Una mezcla de rabia, mucha tristeza, mucho miedo… Lo que más se repite en mi mente es eso: ¿te ha dado tiempo a ser feliz de verdad, a ser feliz para ti?. Mi madre siempre ha dado mucho sin pensar demasiado, en especial sin pensar en ella misma. Hay muchas cosas que nunca he entendido como hija y que aunque jamás se lo he llegado a expresar, me han incluso atormentado. Ahora sólo soy capaz de ver su vulnerabilidad y tener un vacío dentro de mí muy grande.
Os cuento un secreto: a veces, muchas, sigo llorando como cuando era una niña cuando nadie me ve, y sólo pienso en mí yo pequeña, queriendo un abrazo que lo curase todo y me reconfortase. Al final es lo que sigo necesitando, sigo esperando ese abrazo que es casa y refugio. Necesito a mi madre mucho, aún con todas las luces y sombras de alrededor.




Parece que todo en mi vida gira en torno a los dibujos y a la maternidad y… en efecto, es así. Tampoco podría ser de otra manera cuando eres madre de dos y tienes lo que viene a ser poco tiempo libre. Pero bueno, esto del tiempo es algo en lo que estoy intentando trabajar, aún no me he puesto en serio pero creo que el inicio de la primavera también es una buena excusa para dar rienda suelta a esas cosas que no hago porque me pongo mil excusas sin sentido. ¿Por dónde empiezo?
- Me he marcado pequeñas rutinas que me cuesta un poco mantener pero hacen que me sienta mejor: beber más agua, ser muchísimo más consciente de que soy lo que como y que esto no tiene nada que ver con el peso y el físico, se trata de algo mucho más profundo. También tengo la nueva costumbre de comer pronto, antes de que los niños vuelvan a casa del colegio, esto hace que me alimente con más tranquilidad, sin ansiedad y sin terminar recurriendo a atracones de azúcar, y tampoco como después de las ocho de la tarde. ¿La razón? Me siento más ligera cuando me voy a cama, sin pesadez y mi sueño es más tranquilo.
- No voy a perder nada por no terminar un proyecto a la velocidad de la luz, todo lo contrario, tengo que darlo todo en el proceso y entender que las redes sociales son un arma de doble filo, la no dependencia de ellas es esencial, quien valore mi trabajo estará aunque no dé señales en varios días o semanas.
- Encontrar -no tirar la toalla respecto a esto- momentos para leer. No quiero por nada del mundo volver a descuidar esto, he decidido que al menos 15 minutos por la noche, justo cuando me meto en cama, tengo que centrar toda mi atención en la lectura porque mi mente lo necesita.
- Aprovechar más los días de sol. Vivo en Galicia y no salir ahí fuera cuando el cielo está completamente despejado es casi denunciable, nunca sabes cuando va a volver a diluviar (de hecho he escuchado que en los próximos días lo hará).
- Hacer algo de deporte. Este es como el eterno propósito de Año Nuevo. Tengo que hacer deporte, y vuelvo al tema de que no es por ninguna razón estética. Tengo mis complejos, como todo el mundo, pero mi motivación para esto es que quiero mantenerme ágil, en forma para estar a tope con mis peques.
- También tengo marcado, esto obviamente no puedo negarlo ni darle la espalda jamás, el continuar siendo una feliz fangirl.

Dejando los dramas a un lado, tengo que contaros que he estado haciendo muchas «chapuzas» este mes. Con lo de chapuzas me refiero a que llevamos años arreglando nuestro piso poco a poco (demasiado poco a poco, la verdad). La mayor parte de las cosas las hemos hecho con nuestras propias manitas: pinté los muebles de la cocina, puse suelo vinílico, pinté el baño, fuimos adaptando las habitaciones a las necesidades de cada momento… y actualmente y como cabía esperar hace cinco años: me he cansado del color de la cocina y estoy en proceso de dejar todo blanco, brillante, sin colores vivos que saturen mi mente. Me encantaría ser más rápida, es cierto, pero soy de las que se mete en ochenta historias diferentes cuando no ha terminado ni la primera. El caso es que ir viendo los armarios empotrados de color blanco y lo que antes eran las puertas de madera oscura ahora también blancas, hace que toda la casa se llene de mucha luz. Me gusta la sensación que me genera al trabajar, da más calma y siento el espacio mucho más mío, pero os prometo que tengo unas agujetas enormes. Necesito voluntarios también para ayudarme a ir al punto limpio (qué morro tengo). De nuevo podríamos volver a hablar de mi falta de tiempo y esta manía que tenemos los humanos de tener únicamente dos brazos.
El problema de que me guste tanto hacer las cosas por mi misma y estar también llevando mi parte creativa a mi hogar, es que también veo demasiados canales de youtube a ratitos que me influyen (pensaba que positivamente pero definitivo que es todo lo contrario) en estar todo el tiempo en esas vibras Ghibli de las que os hablaba al inicio de la newsletter, pero a mí me termina saliendo todo un poco mal, qué le vamos a hacer. Lo positivo de todo esto es que en el proceso aprendo cosas, estos días por ejemplo he aprendido a solear la ropa con manchas, tengo la impresión de que eso es muy de madre, pero la satisfacción que siento al sacarla de la lavadora y ver que vuelve a ser blanca es grande. También me llevo el aprendizaje de que la comida está más rica cuando la cocinas de manera «amable», es decir… con tiempo y ganas, no mientras gruñes y piensas en por qué no nos podemos alimentar aún de una pastilla que concentre todos los sabores y nutrientes en un solo trago y no tener que ponerse a picar cebollas jamás. Así que sí, puedo decir que cuando haces las cosas teniendo voluntad por hacerlo bien, algo cambia. Puede que el resultado no sea el que esperas pero al menos al final sientes que ha merecido la pena. Estoy en este punto últimamente. ¿Sabéis qué pasa? Que el equilibrio de la positividad Ghibli no es simétrico. No sé, siento que no está en el mismo nivel en todos los aspectos que forman parte de mi vida.
La verdad es que haciendo balance… me alegro de que Marzo haya terminado. Siempre intento sacar lo bueno, que ha habido por supuesto cosas, pero en general creo que este invierno tenía que dejarse atrás. Lo he vivido con una constante sensación de hibernación, de querer hacer muchas actividades diferentes pero no avanzar en ninguna, sé que eso es puramente culpa mía, que me pongo muchos límites y os prometo que estoy trabajando mucho en ello. Lo bueno es que en próximas newsletters espero poder escribir que me he animado de manera activa con esos planes y que he encontrado esa fuerza para ser capaz de resolver de manera más gratificante para todos, en especial para mí, que siempre me olvido de que soy la protagonista de mi propio cuerpo/vida.
Quizá este mes no he sido la alegría de la huerta u os esperábais otra cosa, si es así lo siento mucho, quiero ser leal a mí y escribir y transmitir la verdad de quien soy y lo que hago. Siempre lo digo pero es totalmente cierto que soy una persona muy aburrida -demasiado- y que no puedo ponerme a contar episodios apasionantes, ni grandes planes o proyectos de esos que os van a dejar con la boca abierta, pero siendo sincera tampoco espero que eso sea lo que buscáis si clicáis en mi perfil, o si os animáis a abrir mi blog o a suscribiros a esta carta mensual, quiero pensar que si estáis leyendo esto es porque de alguna manera hay cierta conexión y simpatía y mis sentimientos no son tan raros ni lejanos a los vuestros. En fin.
Sé que tengo fechas de Abril inevitables que sólo pensar en ellas hace que sienta un poco de vértigo. No me gusta anticiparme y sacar conclusiones antes de tiempo, pero ya os digo yo que al menos la primera quincena estaré cargadita de bastante estrés. Supongo que para el mes que viene trataré de fotografiar más cosas y acercaros un poco más a mi día a día, puede que sea bonito y quede algo chulo así, en especial porque además esta Semana Santa no sólo están de vacaciones los peques, en casa también tenemos libre. Ya adelanto que no hay planes de viajes ni nada grandioso, pero quiero soltarme un poco la melena, si es posible hacerlo. Sea como sea, tampoco sé porqué me pongo a divagar sobre esto, por ahora sigo sin tener poderes y no puedo ponerme a predecir lo que os encontraréis en la próxima newsletter pero lo que tengo claro es que trataré de empezar el mes poniendo todas mis buenas vibras en ello. Os deseo lo mismo, precisamente eso: que la primavera también haga que florezcan vuestros deseos, vuestras ganas, vuestra luz innata… y que la mochila sea menos pesada.
Un abrazo enorme.
Andrea / Reih.
Deja un comentario